Nuestro reto: Más democracia

7 Feb 2023 | Publicación

Publicado en Clarín el 7 de febrero de 2023

El consenso general, al menos en lo que mal llamamos “mundo Occidental”, es que el sistema por excelencia, incluso con sus errores, es el democrático. Hablamos de un sistema perfectible, sí, pero el único donde la libertad está asegurada y por ende donde el desarrollo humano y económico es una posibilidad real para los ciudadanos.

Esa democracia, que durante el siglo XX tuvo un avance vertiginoso después de todas las guerras y épocas de oscuridad que vivió el mundo, detuvo su paso y, en este siglo XXI, ha tenido retrocesos preocupantes. Reportes e índices como Freedom House y el V-Dem Institute, durante el año pasado, alertaron sobre la expansión y consolidación de los autoritarismos a nivel global, lo cual significa, sin lugar a dudas, retrocesos en los derechos individuales, libertades básicas y en las fortalezas institucionales de las naciones que, al final, son un punto fundamental de la evaluación democrática de un país.

Recientemente la Unidad de Inteligencia de The Economist publicó el Índice de Democracia de 2022. Este es elaborado según 60 criterios divididos en cinco categorías: Proceso electoral y pluralismo; participación política; cultura política; libertades civiles y derechos humanos básicos; y calidad del funcionamiento del Gobierno. Según los resultados de esas calificaciones, se clasifica a los países en cuatro niveles de democracia: Democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.

La democracia en el 2022:

El nivel de democracia no varió demasiado con respecto al 2021, lo cual es preocupante pues 59 de los 167 países (35.3%) son calificados de autoritarios. Menos de la mitad del mundo vive en democracia (45%) frente al 37% que lo hace en algún tipo de régimen autoritario.

Solo el 14.4% de los ciudadanos del mundo viven en “democracias plenas” pues, de 167 países, apenas 24 entran en esa categoría. Si miramos la evaluación en la región, los únicos países dentro de esa categoría son Uruguay (11), Costa Rica (17) y Chile (19) que reingresa en esa definición luego de haberla perdido en 2021. Según el informe, la postura del gobierno del presidente Gabriel Boric de respetar la decisión del pueblo de no apoyar la nueva Constitución chilena propuesta, ayudó a mejorar su calificación.

Sin embargo, América Latina vuelve a caer (por 7mo año consecutivo) en general: De 5,83 de evaluación en 2021 a 5,79 en 2022.

Venezuela (147), como ha pasado durante los últimos años, es evaluado como el país más autoritario de la región. En el mundo solo 20 países están peor evaluados que el régimen de Nicolás Maduro, hoy investigado en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.

Nicaragua (143), Cuba (139) y Haití (135) son los otros autoritarismos de la región. De los dos primeros (Nicaragua y Cuba), también mucho que decir: En menos de una semana el régimen de Daniel Ortega ilegalizó a 17 ONG (llegando a 3.223 organizaciones disueltas desde 2018) y sentenció al sacerdote nicaragüense Óscar Benavidez Dávila a 10 años de prisión por el solo hecho de oponerse a su régimen. La dictadura de Miguel Díaz-Canel, por su parte, acaba de sentenciar a 18 manifestantes de las históricas protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba hasta con 12 años de cárcel.

Además de Haití, tanto El Salvador como México sufrieron caídas importantes en sus niveles de democracia. México había bajado del puesto 72 al puesto 86, ahora se ubica en el 89 y sigue siendo un «régimen híbrido». Misma categoría para El Salvador, que bajó del puesto 79 al 93 y por pocos puntos (si se desglosa bien se verá que lo mantiene por el respeto electoral), no se considera un régimen autoritario.

Bolivia (que ahora mismo mantiene preso a un gobernador), Ecuador, Guatemala, Honduras, Paraguay y Perú (con graves violaciones a los derechos humanos en las protestas que ocurren ahora mismo) son también considerados “regímenes híbridos”.

En el informe se advierte, además, que “con algunas excepciones, los latinoamericanos tienen un bajo nivel de confianza en las instituciones estatales; la región alberga algunos de los países más desiguales y corruptos del mundo”. Y es que, cuando la autocracia es un hecho, la corrupción es una realidad innegable: autocracia y corrupción van de la mano. No es casualidad que, según el Índice de Percepción de la Corrupción (2022), Venezuela sea el país más corrupto del continente y, en el mundo, solo lo superen Sudán del Sur, Siria y Somalia. Los siguientes peores evaluados de la región son, precisamente, Haití y Nicaragua.

Países grandes donde la falta de libertad está clara tuvieron una caída importante. China bajó ocho puestos y Rusia (146) 22 puestos, siendo la mayor caída en la puntuación de cualquier país en el mundo en 2022. El régimen del invasor Putin pasó de ser considerado «híbrido» a «autoritario».

The Economist recalca que una consecuencia lógica de la guerra, producto de la invasión de Vladímir Putin a Ucrania es “un pronunciado aumento de la represión estatal contra todas las formas de disidencia y una mayor personalización del poder, empujando a Rusia hacia la dictadura absoluta”.

Según el informe, el mayor retroceso en Rusia se produce en las categorías de participación política y libertades civiles. Se podría decir que 2022 confirmó lo que se sabía sobre la Rusia de Putin.

Nuestro reto:

Desde que se empezó a hacer esta medición (2006), el mundo no había sucumbido tan abruptamente ante las autocracias.

En el caso de la región está claro que hay un retroceso importante producto de regímenes que están aumentando sus niveles autocráticos, tal es el caso de Bolivia, México, El Salvador, entre otros. Y también está claro que el hecho de tener más regímenes autocráticos (Venezuela, Cuba, Nicaragua y también Haití) que democracias plenas (Uruguay, Costa Rica y Chile) nos deja mal posicionados. Por ello debemos seguir alzando la voz por los oprimidos y por la democracia, nunca apoyar los opresores, como ocurrió con la reciente cumbre de la CELAC celebrada en Buenos Aires.

Todo esto es un reto para los que creemos en la democracia liberal, pues tenemos una doble tarea: defender, fortalecer y ampliar la democracia en los países que existe, y trabajar por rescatarla en aquellos países donde no. Y para lograr ambas cosas debemos hacerlo en conjunto, con acciones concretas, combatiendo las alianzas de los autócratas, sus propagandas y sus avances silenciosos contra las instituciones. Es autocracia o libertad. Es más democracia.

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